Refugio

18 abril, 2016

Tal vez no seamos tan intrépidos y valientes como nos dicen algunos cuando contamos nuestras intenciones viajeras. No lo pretendemos y ni siquiera nos sentimos tan aventureros. Las niñas, lejos de ser un handicap son una de nuestras motivaciones principales. Nuestra manera de ser y vivir nos hace asumir el viaje como algo natural y nos encanta. Somos conscientes de que tener un puesto de trabajo asegurado subyace en la decisión de dejarlo todo por un año e irnos a recorrer Sudamérica. No todo el mundo puede. Nos sentimos grandes privilegiados por poder construir este sueño y por el apoyo, sobre todo humano, que un montón de personas nos está ofreciendo. Inesperadamente se está cumpliendo así uno de nuestros objetivos principales: crear situaciones de colaboración que se extienden por las redes humanas que estamos tejiendo con tanta ilusión.

Muy a pesar de la actual política Europea de fronteras, nos gusta sentirnos del sur, sentir que una parte importante de nuestras raíces se ubica en este lugar del mundo, en Sevilla, España. Y nos gusta viajar asumiendo nuestra condición de andaluces, mostrando al mundo parte de nuestra cultura al tiempo que nos empapamos y asumimos otras en nuestro camino. Sevilla es para nosotros el lugar al que volver cuando viajamos, el hogar en el que repostar nuestros cuerpos colmados de kilómetros. Es donde hemos aprendido a vivir y la ciudad de nuestros mejores amigos, familia y conocidos. Todo nuestro bagaje emocional se ha ido curtiendo al sol de este sur.

Dentro de esta ciudad hemos construido un hogar que, más allá de su exacta localización, paredes y ventanas, es el espacio común en que soñamos cada día nuestra propia vida junto a nuestras hijas. Hoy es la calle Guadalimar y tal vez mañana sea otra, pero aquí tenemos ese refugio capaz de aliviar momentáneamente los dolores del mundo y de ser el centro de mando de tantas ilusiones.

Nuestra profesión (profesores) y nuestra vocación (educadores) nos obliga a hacer auténticos malabarismos emocionales para poder equilibrar las 3 dimensiones en que discurre nuestra vida: la personal, la social y la mundial. Hemos desarrollado la habilidad necesaria para que nuestros sueños e ilusiones no sucumban ante los desastres globales, políticos o ambientales. Decidimos actuar en nuestro limitado entorno de influencia desde la convicción absoluta que los cambios deben ocurrir en uno mismo antes de generar la queja ajena, hacer es más útil que decir y sentir promueve el hacer. Y en ese universo particular que hemos construido encontramos momentos de plenitud y felicidad que nos empujan más allá, pero que igualmente precisan un refugio en que reposar. Ese concepto de “refugio” donde cuidarnos, curarnos y protegernos de los males mundiales, se me antoja hoy más necesario y compartido que nunca: una casa abierta con las ventanas llenas de futuro, un hogar al que volver y obligar descansar nuestros zapatos.

Todo eso ya lo sentía hace años cuando escribí y grabé la canción que ahora comparto con vosotros:

Escuchar la canción “Refugio”

 

 

Escrito por Andrés

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