Overlanding

2 diciembre, 2016

Overlanding

Según la Wikipedia Overlanding consiste en viajar a sitios remotos, donde el viaje en si es el objetivo más importante, aunque no el único. Por lo general, se utiliza un vehículo todoterreno donde la principal forma de alojamiento es el camping. Suele ser un viaje con períodos prolongados de tiempo (meses o años), abarcando inclusive lugares más allá de las fronteras internacionales. Y no hemos encontrado (al menos no la conocemos) una palabra en español que se refiera a esta modalidad de viaje.

En este post queremos contaros como es nuestra rutina cuando hacemos Overlanding en familia.

En nuestro viaje hay 4 modalidades de alojamiento: en casas con familias (calculo que un 40%), en casas no habitadas que nos prestan (20%), overlanding (un 30%) y en hostales-hoteles (10%). En este post os hablamos solo de ese 30% de las ocasiones en que sólo dependemos de nosotros mismos y acampamos por nuestra cuenta en lugares increíbles. Sin duda alguna es la modalidad que nos hace sentir más libres y aventureros, y otorga una flexibilidad al viaje que lo hace mucho más dinámico y nos permite improvisar mucho.

Solemos escoger lugares hermosos y apartados de grandes núcleos urbanos y en los que la ruralidad nos hace sentir más tranquilos. Desprenderse del reloj y del tiempo que mide, alojarse en los biorritmos naturales guiados tan solo por las manecillas de la trayectoria solar, es un lujo que nos encanta. Así los montes, estrellas, pastos, volcanes, arenas y nieves, lagos, alpacas o fuegos nos obligan a nosotros mismos. Destecnificados, desenredados, desinternetizados, desenchufados, para poder dedicarnos a lo más sencillo de todo, estar solos junto a nosotros, sintiendo la llamada primigenia de la supervivencia en su más sincera versión: la de la vida. Así comer, dormir, y beber son los únicos compromisos reales de ese tiempo que es solo nuestro y de la naturaleza cercana que nos acoge. A ella le pedimos prestada un poco de agua y ramas, con la promesa, a cambio, de cuidarla y dejarla mejor que estaba antes de nuestra llegada.

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Pude conocer a esta rana gigante del Titicaca, en peligro crítico de extinción, justo donde durmimos

Nuestra rutina overlander es siempre similar. Encontrar un buen lugar antes de que anochezca. Buscar combustible orgánico para hacer un buen fuego. Encenderlo. Quedarnos embobados con el entorno y con los azules y naranjas de las llamas. Preparar el coche para dormir. Cocinar. Cenar. Volver a alucinar con el sitio donde estamos. Conversar, jugar, cantar. Mirar las estrellas. Escuchar el silencio. Acostar a las niñas. No decir más. Ser plenamente conscientes de estar cumpliendo un sueño. Vivir de cerca. Descansar. Dormir. Despertarse en el paraíso. Remolonear en la cama jugando sin prisas. Desayunar. Recoger. Lavarnos los dientes. Seguir la ruta.

La configuración suele ser 3 en la tienda de techo James Baroud que llevamos sobre la baca y 2 en la cama desplegable que construimos el año pasado en el interior del coche, no apta para claustrofóbicos o enemigos de los Tacs, pero perfecta para almas viajeras y zapatos cansados. Hicimos un diseño del interior y del equipaje que nos permitiera dormir cómodos con todo dentro. Y para ello lo más importante es ir muy livianos de equipaje. Y cada vez tenemos menos cosas. Y cada vez necesitamos aún menos. Mis amigos me preguntan por whatsapp que cómo llevo eso de estar 4 meses con la misma camiseta. No somos tan austeros y la higiene es una prioridad para nosotros muy importante ya que la asumimos como el mejor seguro médico de viaje, especialmente para las niñas. Nos apañamos bien con una ducha solar, jabones, toallitas húmedas y alcohol en gel para manos. Pero mi vestuario de un año ha quedado extraordinariamente reducido a lo que cabe en una mochilita pequeña. 4 camisetapis (¡no es siempre la misma!), 1 sudadera amarilla, 2 pantalones, 1 bañador, calzoncillos y calcetines (juro que no les doy la vuelta) y abrigo. Y me sobra. En el viaje la vestimenta ha abandonado definitivamente su componente estético (que en nuestro caso ya era escaso) y ha asumido una función protectora a la deriva del clima: frío, más ropa; calor, menos ropa. Y punto. Y si algo se rompe lo arreglamos. En este viaje ya hemos pasado 2 veces por un zapatero para coser la suela y en otras 2 ocasiones hemos remendado pantalones rotos.

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Viajar de este modo proporciona muchos momentos de felicidad en plena naturaleza

Así que vamos alterando convivencias con familias que nos acogen con estancias libres en plena naturaleza salvaje. De todos los lugares en que hemos pernoctado de este modo (calculo que habrán sido unas 35-40 noches ya) hemos hecho una pequeña selección que queremos compartir y destacamos por su singular belleza e interés:

  1. Valle del Cocorá, Salento (Colombia). Un lugar mágico y salido de un cuento de hadas a unos 2.000 msnm. Finas palmeras de cera de 70-80 metros en un valle verde y montañoso, junto a un bosque húmedo y en uno de los parques nacionales más extraordinarios que hemos visitado. Lugar perfecto para un Ecrossistema.
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Ahí dormimos en el valle del Cocora

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Paisajes mágicos del valle del Cocora

  1. Volcán Chimborazo (Ecuador). El volcán y la montaña más alta de todo Ecuador, y el punto más alejado del centro de la Tierra (punto más cercano al sol). Una mole inmensa y nevada a cuyos pies pasamos una noche inolvidable y fría (estábamos a más de 4.000 m)
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Acampamos en un poblado de 3 habitantes, gallinas, alpacas y vacas, en la base del Chimborazo

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Disfrutando del Chimborazo en mitad de la nada

  1. Ruinas de Chan Chan, Trujillo (Perú). Chan Chan es una ciudad precolombina de barro construida por la civilización Chimú. Es la ciudad de adobe más grande de toda América, patrimonio de la humanidad, aunque la mayor parte de ella está abandonada, sin protección alguna y semiderruida. Otro lugar Ecrossistema perfecto.
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Acampada libre en mitad de las ruinas de Chan Chan

  • Acantilados de la reserva de Paracas (Perú). Uno de estos lugares con que soñábamos tanto cuando veíamos en fotos y me decía a mi mismo una y otra vez: “quiero dormir ahí”. Acantilados marinos espectaculares totalmente solos para nosotros, en mitad de un desierto marciano, con luna llena y una banda sonora muy especial: lobos marinos con nocturnos cánticos de celo resonando entre las piedras.
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Dormir en Paracas, otro sueño cumplido

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La noche en Paracas nos permitió tocar la luna con las manos

  1. Montañas de 7 colores (Perú). Decidimos dormir en un valle abierto, a unos 4.200 m, justo donde empieza la caminata de 3 horas al cerro Vinicunca, un lugar alucinante, solitario y frío, a los pies del imponente Ausangate. Nos dormimos sobre verdes praderas y amanecimos en otro lugar distinto, completamente blanco después de una intensa nevada que nos regaló la noche.
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Así nos fuimos a dormir…

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…y así amanecimos antes de empezar el trekking al Vinicunca

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Dormir a 4.200 m nos permitió poder llegar bien descansados a este lugar increíble

  1. Orillas del Titicaca, comunidad Sicuani (Bolivia). En su parte boliviana, el lago navegable más alto del mundo esconde este rincón tranquilo y repleto de avifauna, paraíso desconocido de ornitólogos y buscadores de atardeceres de ensueño. A la hora del ocaso el agua era un espejo de quietud y sentarse en las rocas de la orilla a contemplar tal espectáculo era el único plan posible que se me ocurrió.
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Overlanding a orillas del Titicaca, en la parte boliviana

En todos estos lugares acampamos sin restricciones y con la única compañía de animales, estrellas y algún pastor lugareño que volvía descalzo, de noche y cargado de leña a su cabaña.

Si, todo es mucho más incómodo que en casa, mucho más trabajoso, frío, difícil, molesto y cansado, pero la mochila de sentimientos que estamos cargando nos reeduca constantemente en busca de nuestra mejor versión, la que nos acerca al mundo y su gente; la que nos hace sentir absolutamente insignificantes ante la maravillosa y sorprendente naturaleza bruta que originó, hace miles de millones de años, la vida. Y desde ese respeto inmenso nos gustaría aprender también a cuidarla más y mejor. Seguir aprendiendo a sentir todo esto es uno de los inconmensurables regalos del viaje y ,Sudamérica, una escuela increíble.

Escrito por Andrés

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