Cómo hacer la mejor tortilla de patatas del mundo

20 febrero, 2017

tortilla de patatas

Llevo días rumiando este post y saboreando a menudo tortilla de patatas y salmorejo de remolachas. Pero la nuestra no es una tortilla de patatas cualquiera, es la mejor, veréis.

Lo venía pensando desde hace unos días: “tengo que publicar una entrada que hable de la tortilla“, solo necesitaba algo de tranquilidad y tiempo para escribir, ambos escasos en nuestra intensa agenda viajera. Intensa pero elegida. La ruta, con las niñas, apenas da tregua y la noche suele invitarnos, como cantos de sirena, a la cama (en el mejor de los casos), al colchón, la hamaca o incluso al suelo. Y sea cual sea el formato, después de agotadoras, felices e intensas jornadas haciendo de padres, viajeros, periodistas, cocineros, deportistas, escritores, camarógrafos y aventureros, agradecemos la postura horizontal y el sueño. 

Ahora escribo desde El Durazno, una zona agreste hermosa de la serranía cordobesa, en el noroeste argentino, meciéndome en una hamaca, teléfono en mano, mientras el resto de la expedición prepara la cena antes que el sol y su luz nos abandone hasta mañana. Hemos venido a pasar 2 días con Fredy, Luchy y sus 3 hijas pequeñas, preciosa familia que nos acogió con enorme cariño y amistad cuando pasamos por Salta hace 2 meses. 

Hemos convivido ya con muuuuuchas familias y calculamos haber habitado unas 50 casas en estos 6 meses largos que llevamos recorriendo el continente sudamericano. Nos gusta convivir, conversar, compartir y que las relaciones que vamos generando acerquen un poco más nuestros continentes, y con ellos también a nosotros.

tortilla de patatas

En casa de Maruja y Katerin, en Lima, Javier (amigo que nos visitó en Perú) y yo nos estrenamos con la tortilla y el salmorejo

tortilla de patatas

Detalle de nuestra cena limeña

Este es un escrito fragmentado, que voy tejiendo en distintos momentos, desde diferentes lugares, con sensaciones únicas y luces singulares. Ahora, por ejemplo, son las 7:19 de la mañana y estoy tumbado en una cama grande junto a Ingrid, que aún duerme, en una casa maravillosa que nos han dejado en el barrio de Belgrano, Buenos Aires, Argentina. Escribir, viajar, cantar, correr, conversar, jugar…completar las 24 horas del día con lo que a uno verdaderamente le llena, sin máscaras ni interrupciones, compromisos ni más obligación que la de dejarnos vivir. Así es el viaje que hemos diseñado, salirnos de nuestra vida a encontrarnos con la versión más auténtica de nosotros mismos. No nos preocupa la estética de la ropa, ni nos importa el qué dirán (también nos han llegado críticas), no nos frenamos por estereotipos, ni estamos usando las guías de viaje que compramos (nuestros guías son de carne y hueso). Nos dejamos llevar más por el corazón que por el reloj. Y este escrito habla de eso: del tiempo y la tortilla, del tiempo en la tortilla, de la tortilla a su tiempo y del tiempo para la tortilla.

Nos gusta descubrir la gente, superar la barrera de nuestros propios prejuicios y más allá de ideologías, profesiones, vestimentas o apariencias, llegar al otro, saber quién es, darnos la oportunidad de rozar la profundidad de cada ser. Desde el hogar íntimo de cada uno, rodeados de familias y techos, jugando en terreno ajeno, abriendo nuestra casa interior para habitar, por unos días, la de otros, nos dejamos conocer y conocemos.

En el abrazo de despedida, en la foto final, siempre hay un agradecimiento mutuo por las oportunidades que nos dimos de esos momentos. Vaciamos el tiempo de prisas y compromisos banales para regalarnos el espacio del otro y en ese rincón tan inusual, encontrarnos. Y así, cada despedida se convierte en un regalo incalculable de semilla y amistad, el inicio de algo inacabado, la ilusión del encuentro futuro, el espacio común y privado de dos mundos. Se disiparon los temores de penas, se nos vino la alegría de golpe y en pocos días se acelera el pulso con cada nueva amistad. 

tortilla de patatas

Nuestro salmorejo de remolachas y tortilla de patatas en una cena uruguaya

Ese es el aceite en que freímos las patatas para hacer nuestra tortilla, aceite de tiempo y convivencia. Son muchas ya. En nuestras visitas solemos colaborar muy activamente con las tareas domésticas de cada casa. Barrer, limpiar, cortar el césped (aquí le dicen pasto), limpiar piscinas, hacer la compra y cocinar. Y elegimos siempre 2 recetas muy hispanas, sencillas de elaborar y con ingredientes fáciles de encontrar en todos los países. Tortilla de patatas y Salmorejo andaluz.

El Salmorejo ha sido todo un éxito, sobre todo en Uruguay, donde hemos practicado una colorida y deliciosa modalidad con remolachas que hemos tenido oportunidad de compartir con muchos y buenos amigos. Por fortuna uno de estos amigos es el maestro Alejandro Sequeira, una especie de hombre del renacimiento moderno que todo lo que hace lo llena de estilo y amor. Biólogo, diseñador gráfico, escritor y generador de mil ideas creativas, cada cuál más valiosa. Le gustó tanto el Salmorejo que ha tenido a bien incluirlo en un futuro libro de recetas visuales del mundo. Aquí os muestro la página que ha escrito y diseñado:

tortilla de patatas

Diseño de la página del Salmorejo de remolachas de Alejandro Sequeira

Con menos bombo y más dedicación, ha sido la tortilla de patatas la que nos ha hecho reflexionar profundamente, la que ha generado este post. En Sevilla es un alimento que casi nunca cocinamos; exige parar el tiempo, tener tranquilidad y ausencia de muchos planes, algo inusual en nuestra rutina diaria. El viaje nos ha dado muchas cosas y, entre las más valiosas, el tiempo para nosotros mismos. Y ahí, tomarse el tiempo para encontrar un supermercado que tenga buen aceite de oliva (no suele haber en las casas), tomarse el tiempo para pelar y cortar en rodajas las papas sin prisas, el tiempo para sofreir la cebolla, el tiempo para conversar junto a los fogones (este ingrediente es fundamental, las tortillas oyen), tomarse el tiempo también para uno mismo, tomarse el tiempo para no pensar en nada. Y de tanto tomarnos tiempo nació la tortilla. Y nos encanta.

Sin quererlo, este viaje nos ha enseñado a cocinar la mejor tortilla de patatas del mundo con los ingredientes insustituibles del tiempo, la convivencia y la plena conciencia de estar compartiendo un alimento que nació aquí. Cada tortilla es un agradecimiento a esta tierra madre de patatas y a todos los que nos abren de par en par sus vidas para mostrarles también la nuestra.

Escrito por Andrés

4 comments

  1. Comment by Anónimo

    Anónimo Reply 21 febrero, 2017 at 21:08

    Esas son las mejores tortillas de patata del mundo mundial!! Sin duda esas tortillas de patatas lo que más engordan es la felicidad de disfrutar de la vida, en grata compañía, con tiempo para pararse a saborear cada detalle de lo que nos rodea, simplemente vivir!!
    Que no nos cansemos nunca de comer esas fantásticas tortillas de patatas!!
    Me ha encantado el post. Sois la hostia como se dice en mi tierra!! Un besote enoormeeee para los cinco!!

  2. Comment by Enrique

    Enrique Reply 21 febrero, 2017 at 15:17

    Me emocionáis hasta las lágrimas. Gracias

  3. Comment by Bea

    Bea Reply 21 febrero, 2017 at 0:53

    Hermoso post y emociones que transmitís! Nunca había visto de esa manera a las tortillas pero cómo me he identificado! Nosotros también, cuando más tortillas hemos hecho ha sido de viaje, de hecho, igual que vosotros, en casa no hacíamos, y ahora ya llevamos unas cuantas acumuladas por varios países. Tenemos el placer de también decir que hemos hecho y probado la mejor tortilla del mundo!!! Un abrazo desde más arriba familia!

  4. Comment by Anónimo

    Anónimo Reply 20 febrero, 2017 at 8:47

    Ya se cómo os voy a homenajear esta noche: con una jugosisima tortilla de patatas, jugosa como vosotros y hecha a fuego lento como hemos ido cociendo nuestra amistad a lo largo de todos estos años. Irá por todos los que nos hemos conocido gracias a vuestro viaje.

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